HOY CONVERSAMOS CON BETH CHITEKWE-BITI,

 SOLIDARIA POR VOCACIÓN Y CONVICCIÓN

 

Nos reunimos con Beth para hablar de la situación de Zimbabue, su país, del trabajo que lleva años desarrollando en beneficio de las familias pobres, y que le sigue llenando como el primer día, y de su apuesta por la mujer, que lucha por abrirse un espacio en una sociedad tradicionalmente patriarcal.

Beth, recuerda, nació en una pequeña localidad al este de Harare, capital del país, a donde fue trasladada junto con su familia siendo ella aún adolescente. Allí fijó su residencia, aunque suele viajar a Europa por motivos laborales.

Se graduó en Planificación Regional y Urbana por la universidad de Zimbabue, cursando con posterioridad un Postgrado en Vivienda por la universidad de Londres y un Máster en Desarrollo Internacional por la universidad de Manchester.

 

“La propiedad, un valor en alza para los zimbabuenses”

 

Beth, nos comenta, empezó trabajando para el Gobierno como oficial de planificación, aunque no encontró el verdadero sentido de la vida hasta quese vinculó al tercer sector, incorporándose al proyecto de la ONG (inicialmente local) Dialogue on Shelter (DOS) en 1999, año de su fundación. Recuerda Beth como muy positiva su etapa como voluntaria durante dos años en la ONG de Namibia: Namibia Housing Action Group.  Estando allí, conoció a un grupo de mujeres sudafricanas que habían viajado al país para intercambiar experiencias. Automáticamente quedó impresionada por su organización basada en el ahorro para alcanzar la propiedad y mejorar su vida.

De regreso a Zimbabue, Beth llevó el sistema de los grupos de ahorro a las zonas más pobres de Harare. Los inicios no fueron fáciles, confiesa, e implicaron la reorientación total de DOS hacia el problema de la falta de vivienda y propiedad en las ciudades, tareas en las que sigue inmersa hoy en día.

Mirando a Zimbabue, observamos los continuos vaivenes económicos y políticos que han sacudido al país durante décadas. Podemos afirmar que el espacio público de los ciudadanos  es muy limitado, añade Beth, prácticamente nulo  para los más pobres.  La imagen del Presidente Robert Mugabe se ha ido deteriorando con los años, pasando de héroe nacional a ser acusado de mantenerse en el poder a golpe de fraude electoral. Las organizaciones de la sociedad civil y, especialmente, las no gubernamentales, están bajo sospecha. Trabajar con los más pobres sacando a la luz sus miserias es calificado de “anti-estado”. Las reuniones locales son vigiladas por la policía, lo que hace muy difícil que las comunidades con las que trabajamos, señala, se puedan expresar libremente.

 

“El sur de África presenta las tasas de crecimiento urbano mayores del mundo”

 

El Banco Mundial estima que la población urbana de esa región pasará del 36% actual al 50% en 2030. Zimbabue, al igual que su entorno, se enfrenta al  mismo reto, pero con el viento en contra de la recesión y la pobreza.  La tasa de urbanización del país se estima entre un 6-7% anual. Los grandes núcleos urbanos, como Harare, sufren mayores presiones demográficas, con tasas que rondan el 11%. Esta situación caótica está llevando a que muchas personas se construyan sus viviendas de manera improvisada en las zonas periurbanas. Es lo que se conoce como asentamientos informales, sin planificación ni permisos, y carentes de cualquier servicio de: agua, saneamiento, electricidad o escuelas. Los propios materiales utilizados las hacen vulnerables al fuego y a la meteorología.

 

Es ahora cuando cobra más sentido que nunca el concepto de ciudades inclusivas, matiza Beth. En su opinión, la mayoría dejan fuera a una parte de la población, aunque sea de manera involuntaria. Sorprende que 37 años después de la Independencia, los estatutos urbanísticos de Zimbabue sigan sin ser revisados. Antes se discriminaba por el color de la piel y ahora por los ingresos.

Beth recuerda con tristeza la llamada Operación Marumbatsvina (apartemos la suciedad) que el Gobierno llevó a cabo en 2005, demoliendo indiscriminadamente casas y negocios y dejando en la calle a más de 700.000 personas. Hoy en día, los pobres urbanos siguen sometidos al arbitrio de sus mandatarios, a pesar de que la reforma de la Constitución de 2013 les otorga una cierta protección.

  

“El proyecto de ICLI atenderá las necesidades de saneamiento

en diez asentamientos informales de cinco ciudades de Zimbabue”

 

Tras años de interesante trabajo de DOS, se produce el encuentro con ICLI de la mano de la arquitecta zimbabuense afincada en el País Vasco, Marcelle Mardon. El proyecto, en fase de búsqueda de financiación,  empleará un innovador sistema de sanitarios ecológicos conocidos como skyloos. Las mujeres se alzan como responsables en todas sus fases, sin que los hombres queden, por ello, excluidos. El ahorro será, una vez más, el motor que impulse su desarrollo. Para ellas, poder demostrar ese control de los pequeños flujos financieros que manejan, las empodera y dignifica. Aspiran a ser autosostenibles.  Cuentan, además, con el apoyo de las autoridades locales con las que ya se están firmando acuerdos de colaboración.

Para Beth, la aportación de ICLI es de gran valor, tanto por la formación de sus miembros como por sus conocimientos técnicos y en el campo de las energías renovables.

 

“La universidad: pieza clave en el desarrollo del país”

Así lo cree y así lo predica Beth en un intento de concienciar a los jóvenes sobre el problema de la pobreza urbana en Zimbabue, y porque confía en que la solución será más rápida cuanta más gente formada se emplee en ello, refiriéndose concretamente a los y las planificadores, arquitectos e ingenieros civiles.

Intentamos que los jóvenes universitarios se impliquen en el proyecto durante su periodo formativo, señala Beth, tanto fuera como dentro de las aulas, visitando los asentamientos y recibiendo a los líderes comunales que les explican los retos a que se enfrentan y cómo se organizan y negocian con las autoridades locales por la propiedad.